"Whatever I tell you in the dark, speak in the daylight; what is whispered in your ear, proclaim from the roof." Matthew 10:27 (NIV)

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The Prophetic Lens

“Palabra profética para la Iglesia de Hoy”

Mucho se habla del espíritu de Jezabel, pero hay otro espíritu igualmente dañino y peligroso dentro del Cuerpo de Cristo al que muchas veces no le prestamos suficiente atención: el espíritu de Caín.

En Génesis 4 encontramos dos acontecimientos que aparecen por primera vez en la historia de la humanidad: una ofrenda presentada a Dios y el primer asesinato. La historia de Caín y Abel nos permite ver dos corazones completamente diferentes: el corazón de un verdadero adorador, Abel, y el corazón irreverente de Caín.

Abel dio de lo mejor que tenía en su ofrenda a Dios, mientras que Caín simplemente presentó una ofrenda. Abel entendió que Dios era digno de lo primero y de lo mejor. Caín, por el contrario, quería acercarse a Dios a su manera.

La alabanza y la adoración no comienzan con una canción; comienzan en nuestro corazón y se manifiestan en nuestra actitud hacia Dios.

Caín fue irreverente con Dios, pero aun así quería Su reconocimiento y aprobación. El problema era que quería esa aprobación a su manera y no a la manera de Dios.

Eso continúa sucediendo hoy. Hay personas que desean avivamiento, quieren ver el poder de Dios y anhelan que Él bendiga y prospere sus ministerios, pero quieren todo eso bajo sus propios términos. Quieren que Dios bendiga sus denominaciones, sus tradiciones, sus estructuras y las rutinas establecidas por los hombres, aun cuando estas puedan estorbar lo que el Espíritu Santo quiere hacer.

El problema con el espíritu de Caín es que no respeta a Dios, aun cuando Dios le habla directamente.

Dios habló con Caín. Le advirtió. Le dio la oportunidad de corregir su camino. Sin embargo, Caín permitió que el pecado dominara su corazón y terminó asesinando a su propio hermano Abel.

Ese mismo espíritu puede manifestarse dentro de nuestras iglesias hoy.

Las personas irreverentes hacia el Espíritu de Dios terminan resistiendo a quienes honran al Espíritu y desean fluir con Él. El espíritu de Caín se levanta contra el adorador y contra aquello que Dios está haciendo.

Cuando el Espíritu Santo comienza a moverse poderosamente en una congregación, presta atención. No todo el mundo celebrará ese mover. Surgirán críticas, murmuraciones, chismes, resistencia y agendas humanas que intentarán apagar lo que Dios comenzó.

Caín no pudo atacar a Dios, así que atacó a Abel.

Y esa es una de las características más peligrosas de este espíritu: cuando no puede detener directamente lo que Dios está haciendo, procura herir, desacreditar o silenciar a quienes se han rendido a Él.

Por eso, Iglesia, cuando Dios comience a moverse, discierne, vela y protege lo que Él está haciendo.

No permitas que la crítica apague la adoración.
No permitas que las tradiciones apaguen al Espíritu.
No permitas que los celos destruyan la unidad.
No permitas que las agendas humanas sustituyan la voluntad de Dios.

Hermanos, no tornen sus espaldas al espíritu de Caín.

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