"Whatever I tell you in the dark, speak in the daylight; what is whispered in your ear, proclaim from the roof." Matthew 10:27 (NIV)

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The Prophetic Lens

“Cuando No le Damos lo Mejor de Nosotros a Dios”

Tanto la alabanza como la adoración tienen su origen en nuestro interior. La alabanza fluye de nuestra alma y la adoración de nuestro espíritu. Nuestras expresiones externas son el resultado de lo que ya está pasando dentro de nosotros; dichas expresiones reflejan nuestra actitud y cómo vemos a Dios.

En Génesis 4:1–8 vemos la historia del primer acto de adoración a Dios mediante una ofrenda registrada en la historia de la humanidad:

Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.

2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

5 Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?, y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
(Génesis 4:1–8, Reina-Valera Revisada 1977)

Ambos, Caín y Abel, trajeron sus ofrendas delante de Dios; una fue aceptada y la otra no. ¿Por qué? Caín, quien era labrador, trajo del fruto de la tierra, pero Abel, quien era pastor, trajo de los primogénitos, de lo más gordo de sus ovejas. En otras palabras, trajo lo mejor que tenía.

Caín realizó un acto religioso: su ofrenda mostró que, para él, Dios no era digno de lo mejor de sí. Sin embargo, Abel dio lo mejor de sí. Dos actitudes completamente diferentes respecto al mismo Dios.

Caín se enojó. Él quería la aprobación de Dios, quería el reconocimiento, pero quería hacer las cosas a su manera. Lo mismo pasa hoy en muchas iglesias: oran por un mover de Dios, por avivamientos, por milagros y por la manifestación del poder de Dios, pero no en los términos de Dios, sino en los suyos. Quieren que Dios bendiga sus rutinas de hombres. En lugar de arrepentirse y enderezar sus caminos, la persona que no sabe adorar se llena de celo y odio. Caín terminó matando a su propio hermano.

Lo mismo pasa hoy en día: las personas que no han aprendido a adorar a Dios quizás no matan literalmente a sus hermanos, pero consistentemente contristan al Espíritu Santo. Se apoderan de los púlpitos y de sus ministerios, y se dedican a exaltar sus propias rutinas de hombres. De ellos no sale vida; se convierten en asesinos de la presencia de Dios y de los dones del Espíritu, especialmente de la profecía. El celo y el odio no los dejan escuchar a Dios; y, si lo escuchan, no lo obedecen.

Dios le habló a Caín después de ver que estaba herido porque su ofrenda no había sido aceptada como la de su hermano. Pero a Caín no le importó la voz de Dios. Su orgullo y su odio no le permitieron arrepentirse, sino que procedió a cometer el primer asesinato registrado en la historia de la humanidad.

Entonces, ¿qué tipo de adoración le estamos dando a Dios? ¿La de Caín, sin reverencia ni dándole lo mejor de nosotros, o la de Abel, ofreciéndole lo mejor que tenemos?

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