El racismo existe, siempre ha existido y existirá. De hecho, el racismo fue el segundo problema que la iglesia primitiva enfrentó cuando entendió que el Evangelio no era solo para los judíos, sino para el mundo entero. El apóstol Pablo, asignado como apóstol de los gentiles (personas no judías), confrontó incluso a Pedro, quien no quería ser visto con los gentiles cuando estos compartían eventos con los judíos.
El problema es que hoy en día todo se reduce al racismo, y así matamos los debates respetuosos y profundos sobre los temas que realmente nos afectan como sociedad.
Hasta 2026, ha habido 60 Super Bowl Halftime Shows desde que el evento comenzó en 1967 (incluyendo el Super Bowl LX). Aunque no existen datos oficiales exactos sobre la raza de cada intérprete, una revisión histórica muestra una mezcla clara de artistas: muchos blancos de géneros pop y rock; una presencia significativa de negros/afroamericanos, especialmente en R&B y hip-hop; y un número creciente de artistas latinos (como Shakira, Jennifer López y Bad Bunny).
Si se agrupan los artistas principales por raza o arquetipo predominante, aproximadamente entre 60–65 % han sido blancos, 25–30 % negros/afroamericanos y 5–10 % latinos u otros hispanohablantes hasta 2026 (según conteo de intérpretes principales).
Entre los cinco Halftime Shows más vistos en EE. UU., según estimaciones de audiencia Nielsen, se encuentran:
- Kendrick Lamar (negro, 133.5 M),
- Michael Jackson (negro, 133.4 M),
- Usher (negro, ~123.4 M),
- Rihanna (negra, ~121 M), y
- Katy Perry (blanca, ~118.5 M).
Estos números pueden variar ligeramente según la fuente y el año específico de medición, pero los datos muestran claramente que artistas afroamericanos dominan el top histórico de audiencia en Estados Unidos. Esto debilita el argumento de que el Super Bowl sea un evento racialmente excluyente.
Algunas de las críticas hacia Bad Bunny no giran necesariamente en torno a su nivel de fama global, sino a la percepción de reconocimiento dentro del público angloparlante tradicional del Super Bowl. Aunque es uno de los artistas más escuchados del mundo y ha dominado rankings internacionales de streaming en los últimos años, parte del público estadounidense que consume principalmente música en inglés puede no estar tan familiarizado con su catálogo.
Además, su decisión de presentar mayormente en español —algo completamente coherente con su identidad artística— fue vista por algunos como una ruptura con la expectativa histórica de un evento que muchos perciben como culturalmente “americano” en el sentido anglo. Sin embargo, el Super Bowl también ha evolucionado para reflejar la diversidad demográfica y cultural real de Estados Unidos, donde el español es el segundo idioma más hablado y la influencia latina es innegable.
Por otro lado, hay quienes interpretaron su énfasis en la cultura puertorriqueña, junto con declaraciones críticas que ha hecho en el pasado sobre asuntos políticos o sociales relacionados con Estados Unidos, como una falta de deferencia hacia el país anfitrión. Desde esa perspectiva, el debate no sería sobre raza, sino sobre mensaje, tono y percepción de respeto en un evento considerado símbolo nacional.
Sin embargo, también puede argumentarse que expresar orgullo cultural no implica necesariamente desprecio hacia otra nación. Estados Unidos, como Puerto Rico, enfrenta desafíos internos, y ambos pueblos mantienen fuertes sentimientos de identidad y orgullo. La tensión surge cuando orgullo cultural, discurso político y escenario nacional se cruzan en un mismo momento público, generando interpretaciones distintas según la sensibilidad del espectador.
En conclusión, desde esta perspectiva, el Super Bowl es ante todo un evento estadounidense que históricamente ha funcionado como una celebración cultural de Estados Unidos: de su deporte, de su identidad nacional y de su sentido de patriotismo. Bajo esa visión, el espectáculo de medio tiempo debería reflejar unidad, orgullo nacional y entretenimiento, no convertirse en una plataforma política ni en un espacio para exaltar exclusivamente otra cultura sin reconocer el contexto del evento.
Cuando se percibe que el mensaje central desplaza ese enfoque, algunos espectadores reaccionan no por razones raciales, sino porque consideran que se está alterando la naturaleza simbólica del evento.
Además, el historial del Super Bowl demuestra que no existe un patrón de exclusión racial en el espectáculo de medio tiempo. Varios de los shows más vistos y celebrados han sido protagonizados por artistas afroamericanos. Desde este punto de vista crítico, la discusión alrededor de Bad Bunny no giraría principalmente en torno a su raza, sino en torno a dos factores específicos que incomodan a ciertos sectores: la percepción de vulgaridad en parte de su música y letras, y declaraciones o posturas que algunos interpretan como antiestadounidenses.
Así, el debate se entiende más como un conflicto sobre el mensaje, el contenido y el simbolismo nacional que como un asunto racial en sí mismo. Creo que la cualificación número uno para el Halftime Show no es solamente fama en los Estados Unidos, sino amor y respeto por esta nación.
Referencias (APA 7ª ed.)
Wikipedia. (2026). List of Super Bowl halftime shows. Recuperado de https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Super_Bowl_halftime_shows
BeIN Sports. (2026). The 5 most watched Super Bowl halftime shows ever. Recuperado de https://www.beinsports.com/en-us/american-football/articles/the-5-most-watched-super-bowl-halftime-shows-ever-2026-02-04
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