Dios no es católico, ni pentecostal, ni presbiteriano, ni bautista, ni pertenece a ninguna denominación humana. Ir a la iglesia los domingos no salva a nadie, y decir “soy cristiano” sin una relación viva y transformadora con Dios revela una profunda anemia espiritual. Jesús mismo fue claro al decir:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”
(Mateo 7:21, RVR1960).
Una de las posturas espirituales más peligrosas es seguir a Dios “a mi manera”. Personas que quieren definir por sí mismas qué es bueno y qué es malo, que se interpretan a sí mismas como justas y no someten sus pensamientos a la Palabra de Dios. No leen la Biblia, no la estudian ni confrontan sus ideas con ella; simplemente concluyen que lo que piensan es verdad… porque lo piensan. La Escritura advierte claramente:
“Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es camino de muerte.”
(Proverbios 14:12, RVR1960).
Muchos recurren al “amor de Dios” como cobertura para su pecado, olvidando que el mismo Dios que ama también llama al arrepentimiento:
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
(Romanos 2:4, RVR1960).
La historia bíblica demuestra una verdad contundente: el ser humano no puede salvarse a sí mismo. Adán y Eva fallaron aun en medio de la perfección del Edén. La Ley de Moisés no pudo redimirnos; el pueblo de Israel, escogido por Dios, no logró mantenerse fiel. Los profetas enseñaron justicia, pero no fue suficiente. Los sacrificios de animales, con toda su sangre, ritos y precisión, tampoco pudieron salvarnos. La Escritura lo resume así:
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.”
(Hebreos 10:1, RVR1960).
Por eso Cristo tuvo que venir. El Hijo de Dios nació, vivió sin pecado y fue brutalmente asesinado por nuestros pecados. Él se convirtió en el sacrificio final:
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
(Isaías 53:5, RVR1960).
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
(1 Pedro 2:24, RVR1960).
El mundo se distrae con miles de cosas y acomoda sus ideologías a sus deseos. Pero Cristo nos llama a morir a nosotros mismos:
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
(Lucas 9:23, RVR1960).
El evangelio no es una invitación parcial; es una rendición total. Dios quiere entrar en cada habitación de nuestro corazón, incluso en esos cuartos ocultos donde escondemos nuestros pecados, transgresiones e iniquidades:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos.”
(Salmos 139:23, RVR1960).
Hoy enfrentamos una crisis espiritual real. Estudios recientes del Pew Research Center indican que aproximadamente el 61% de los adultos que se identifican como cristianos admiten que rara vez o nunca oran ni leen la Biblia fuera de los servicios religiosos dominicales. Esta estadística revela una fe cultural, no discipulada, desconectada de la Palabra que da vida (Pew Research Center, 2023–2024). La Biblia advierte sobre esta condición:
“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.”
(Oseas 4:6, RVR1960).
Dios es bueno. En Él puedes confiar. Puedes entregarle tu vida, tu presente y tu futuro. Él quiere sanar tus heridas, tu trauma y tus decepciones:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
(Mateo 11:28, RVR1960).
Nadie te ama como Dios. Él tiene un plan para tu vida. No lo desperdicies en el vacilón, en la cervecita constante ni en estilos de vida ingratos:
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.”
(Salmos 90:12, RVR1960).
Puerto Rico —como muchas naciones— sufre una crisis de valores. Abundamos en vulgaridad, corrupción política, egoísmo y líderes que buscan el poder antes que el servicio. Pero Dios sigue llamando a hombres y mujeres íntegros, con temor de Dios y amor por su pueblo:
“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
(Miqueas 6:8, RVR1960).
Dios te ama. Quiere que lo busques, que le hables, que le preguntes como un hijo pregunta a su padre. Deja de mirarlo con los lentes de una denominación. Míralo a Él. Lee Su Palabra. No permitas que nada entre en tu mente sin confirmarlo en las Escrituras:
“Examinadlo todo; retened lo bueno.”
(1 Tesalonicenses 5:21, RVR1960).
Dios es Dios. El Gran Yo Soy:
“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.”
(Santiago 4:8, RVR1960).
No está lejos. Háblale ahora mismo. Ahí donde estás… búscalo.
Referencias (APA 7.ª edición)
Pew Research Center. (2024). Religious practices and spiritual engagement among Christians in the United States. Pew Research Center.
Reina-Valera 1960. (1960). La Santa Biblia. Sociedades Bíblicas Unidas.

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