Desde el Gran Diluvio Universal hasta el nacimiento de Abraham contamos con alrededor de trecientos años. De hecho, es claro que Noé y Abraham vivieron durante el mismo tiempo. Lógicamente Abraham era mucho más joven que Noé.
Abraham es un personaje céntrico en nuestra fe, él es conocido como el padre de la fe. Mateo 3:8-9 nos dice,
8 Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento, 9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: “A Abraham tenemos por padre”, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. (Reina Valera 1995)
En Génesis 12:1-3 vemos el comienzo de la historia de una nueva nación que haría historia en el mundo. Es la única nación que fue directamente establecida por Dios con propósito santo y céntrico en la historia de la humanidad.
12 Jehová había dicho a Abram: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Reina Valera 1995)
En el estudio de la historia de la Iglesia es importante el profundizar en estos tres versos que representan el llamado de Abraham. Estos versos son aplicables a nosotros como el Cuerpo de Cristo. He escuchado desde hace muchos años que la salvación es gratuita, pero el caminar como verdaderos Cristianos nos costará todo.
Antes de la realización del llamado de Abraham fue requerido de él que dejara atrás tres cosas:
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Su nación: Tierra, el planeta tierra
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Su parentela: Parientes, familiares, parientes lejanos.
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Su familia: Personas con las cuales se comparte un hogar. La casa de nuestros padres.


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