Toda mi vida he escuchado gente que se consideran buenas personas en sus propias opiniones. Piensan que si ni beben, ni fuman, ni nunca han estado presos, si no han matado a nadie, robado algo grande y si trabajan y pagan sus propias deudas, sin duda que, de acuerdo a sus propio inventario, deben ser consideradas buenas personas. La sociedad quizás también los reconozcan como buenos ciudadanos.
Mas cuando medimos nuestras ideas de lo que es bueno y malo de acuerdo a la Palabra de Dios, encontramos rápidamente que las formas de Dios y las nuestras son totalmente diferentes. Eso es lo que precisamente encontramos en el Salmo 10:3-4 cuando el Salmista dice:
“El malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso y desprecia a Jehová; el malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.” (Versión Reina Valera 1995)
Analizando estos versos vemos que la gente mala de acuerdo a la Biblia tienen las siguientes características:
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El malo es guiado totalmente por los deseos de su alma y no por el Espíritu de Dios. Si el malo quiere algo, presenta justificación en su mente para alcanzarlo, cueste lo que cueste. Violar las reglas morales y legales no es razón de convicción. Los deseos de la carne van en contra de la voluntad de Dios. ¿Quiere esto decir que el Cristiano no tiene deseos carnales? Absolutamente no; el Cristiano también batalla con dichos deseos. A veces perdemos y a veces, debido a nuestra propia debilidad y debido a que nos rendimos a nuestra maligna voluntad, perdemos. Pero el Cristiano no disfruta del pecado; la convicción del Espíritu Santo es fuerte y poco a poco nos hace cambiar. El malo no tiene remedio sin Cristo; nosotros mismos somos también malos sin El.
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Los malos son atraídos por el mismo espíritu de avaricia y codicio. Los malos crean ídolos entre ellos mismos y por ello se bendicen los unos a los otros mientras siguen exaltando sus formas de vida. Personalidades como Donald Trump, Bill Gates y otros son respetados y exaltados constantemente; mas entre ellos no hay mención de Dios.
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Los malos desprecian a Dios. Una cosa es no considerar a Dios, la otra es despreciarlo. Una cosa es batallar con el pecado y la otra es rechazar y ridiculizar a Dios; es tener una agenda personal en contra de Dios y todo lo que El representa. Hoy día vemos mucho desprecio en contra de Dios; en la televisión, el mundo cinematográfico, la farándula en general, los medios comunicativos, la política, etc. Todo esto es producto de corazones perversos.
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El malo es orgulloso y su orgullo no lo deja buscar de Dios. El malo se convence a si mismo que todo lo que ellos necesitan lo pueden conseguir en ellos mismos sin Dios.

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